lunes, 25 de febrero de 2008

Victoria en Vitoria

Victoria en Vitoria
El Correo
(Iñaki Ezkerra)


María Victoria Longares es una amiga mía que vivía muy tranquila en Madrid hasta que se le ocurrió la brillante idea de ir como candidata del partido Ciudadanos por Álava en estas generales. María Victoria me llamó hace unos días desde Vitoria y me dijo que estaba desconcertada porque trataba de parar a la gente por las aceras para preguntarle por sus preferencias políticas y hacer así su campaña, a pie de calle, pero la gente la dejaba con la palabra en la boca. «Yo había venido preparada para pasar miedo en Euskadi -me comenta María Victoria- pero no para lo que me he encontrado: que el miedo lo doy yo misma».

No voy a dramatizar. La verdad es que estoy disfrutando estos días de las crónicas telefónicas de mi amiga en la capital de Euskadi. Ella le explica al personal que se quiere cargar los Fueros y el Concierto Económico ya que es una persona de izquierdas que cree en la igualdad y luego se extraña de que la peña ponga pies en polvorosa. Yo la animo y le cuento el caso de un amigo que tenía un método infalible para beber de gorra en los bares de Bilbao. Cada vez que entraba por la puerta de un establecimiento gritaba '¿Viva el Real Madrid!', con lo cual conseguía que alguien le increpara y se le acabara enfrentando. Ése era el momento crítico, pero si lo superaba el resto estaba hecho. El resto consistía en que siempre había también más de un parroquiano que acudía a quitar tensión: 'Déjale al chaval que sea del Real Madrid o de lo quiera'. El siguiente paso era que todo el mundo le terminaba pagando los vinos y reconociéndole el derecho a ser del Real Madrid aunque en el fondo fuera del Athletic, cosa por la cual nadie le habría invitado.

Mi ideal es que algún día pase en el País Vasco con la política como con el fútbol de mi anécdota, que haya ese margen cabal de tolerancia que permitía a mi amigo beber gratis, y yo admiro a María Victoria porque ha venido en esta campaña electoral a trabajar en eso. María Victoria es -como digo- una mujer tranquila pero socialmente inquieta, pacífica y a la vez rebelde, discutidora, cultísima y hermana, por cierto, del escritor Manuel Longares. Es una chica de Madrid que se podía haber quedado en casita con su nostalgia por el cine de arte y ensayo o las tertulias de la Transición, pero que, sin embargo, está concienciada de nuestro problema de libertad y quiere poner su grano de arena. Quiere, en fin, que su partido cubra todas las listas en el País Vasco. Me decía una vez el historiador Andrés de Blas que Josu Jon Imaz era «un logro democrático de los constitucionalistas». Yo creo que un logro democrático es María Victoria, que podía andar en ese limbo de la frivolidad madrileña que 'no se cree lo que pasa aquí porque es imposible que pase allí', pero que se lo ha tomado en serio y quiere traer a Euskadi el Estado de Derecho, la Ilustración, la repera. Si les para por la calle, háganle caso y, por favor, trátenmela con cariño.

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